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En estos últimos tiempos es muy corriente en los Ayuntamientos democráticos españoles la denominada corrupción política. De un tiempo a esta parte, la política en general y muy en especial la municipal, ha degenerado de forma alarmante con políticos mediocres (fácilmente manipulables, por tanto), que no representan realmente a nadie y cuyo único objetivo es hacerse ricos lo más pronto posible (por si acaso el puesto les dure poco), personas sin vocación de servicio público y aún peor, sin valores morales y éticos ideológicos algunos, que conciben los Ayuntamientos no como instituciones públicas al servicio del pueblo, sino como un trampolín para saltar y hacer sus negocios dentro del llamado boom inmobiliario, ya que lo que más está de moda es hacer negocios desde las corporaciones locales.
Sólo les interesa lo que sirve para algo, lo rentable; por tanto, abominan lo idealista, que les parece una gran pérdida de tiempo. Pero no sería justo meter en el mismo saco a todos los políticos, algunos habrá honestos, estoy seguro de ello, pero como sigamos así serán una especia en extinción.
Tenemos que tener en cuenta que los “políticos” por llamar a algunos de esta manera, no son héroes, sino sólo representantes del pueblo, a los que se paga para que gestionen los servicios públicos; y, por lo mismo, responsables del dinero de todos los contribuyentes, así como de la honrada defensa de los intereses ciudadanos. En su mayoría los partidos políticos están tan salpicados por tanto conflicto y escándalo que no tienen ya autoridad moral para denunciar nada seriamente. Además, los medios de comunicación, en algunos casos, presos muchas veces de intereses, no han creado una opinión adecuada a los ciudadanos contra la inmoralidad de la clase dirigente. Sólo algunos de ellos han actuado seriamente y han realizado un buen periodismo de investigación, sacando a la luz casos que si no hubiera sido por ellos estarían en el olvido político. En última instancia, la autoridad judicial (jueces que han de juzgar y fiscales que deben promover la acción de la justicia), por determinadas circunstancias que tienen que ver con la falta de legislación adecuada, la escasez de medios materiales, la poca formación en la materia, las presiones y la falta de estímulos, no está a la altura del tremendo problema que asola a los municipios españoles, distorsiona la economía nacional y corroe el sistema democrático que tanto costó conseguir hace treinta años a unos políticos que, ciertamente, estuvieron entonces más comprometidos e identificados con las bases y principios del mismo y tenían menos intereses en su gestión.
La solución a este grave problema podría estar en nosotros, los ciudadanos de a pie, los que tenemos que reaccionar, y hacer valer nuestros derechos en las urnas. Si no lo hacemos así, los políticos y empresarios corruptos se darán cuenta de nuestro pasividad y entonces seguirán robando sin ningún tipo de escrúpulos ni pudor.
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